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Pulso ha entrevistado a Valentín Fuster, director general del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y director desde 1994 del Instituto Cardiovascular del Hospital Mount Sinai de Nueva York, el sancta sanctórum de la cardiología mundial.

 

Un diálogo sereno y reflexivo, regentado por su escrutadora mirada azul y una voz templada como el caudal de un río viejo. Esa es la tarjeta de presentación del cardiólogo Valentín Fuster (Barcelona, 1943), director general del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y director desde 1994 del Instituto Cardiovascular del Hospital Mount Sinai de Nueva York, el sancta sanctórum de la cardiología mundial. Pero Fuster es mucho más que un científico reconocido mundialmente, doctor honoris causa por más de 20 universidades y cuya trayectoria ha sido reconocida con galardones como el Príncipe de Asturias de Investigación de 1996. Fuster encarna el paradigma del científico total, entregado al contacto con sus pacientes y a su pasión investigadora; una carretera de dos sentidos que él transita a bordo del mismo vehículo: la curiosidad. "Es la raíz de la investigación a cualquier nivel, ya sea aplicándola a una célula en el laboratorio o a un humano. Mi curiosidad se proyecta hacia un nivel muy pragmático, intentando reafirmar lo que creo, que toda persona tiene la misión de utilizar su talento para mejorar la sociedad".

 

Usted ha participado en 15 proyectos de telemedicina. En los retos futuros de la salud mundial, sobre todo en lo que a la prevención de enfermedades cardiovasculares se refiere, 

¿qué papel puede desempeñar la e-Health?

 

En estos momentos soy el responsable del documento titulado Prevenir la enfermedad cardiovascular globalmente, en el que trabajan el Instituto Nacional de la Salud y el Instituto de Medicina estadounidenses. Este importante documento se publicará el próximo 2010 y aborda precisamente la aplicación de la informática y otras herramientas tecnológicas, como la historia electrónica, en este esfuerzo común.

 

El texto expone el valor de la educación a distancia que ofrece la tecnología y aspectos muy concretos relacionados con el tratamiento que se pueden hacer con la participación del paciente. Son tres ejes que, directamente, nos encaminan al futuro.

 

¿Y cuál piensa que será la principal aplicación de la e-Health en la prevención y tratamiento de las enfermedades cardiovasculares o la diabetes?

 

Creo que la principal baza se va a centrar en el sistema educativo; esto es, en la aplicación formativa de las tecnologías en el contexto facultativo, ya sea mediante conferencias a distancia u otros sistemas. Subrayo que se va a producir a este nivel por experiencia propia y no tanto en lo que se refiere a modelos de consulta: he trabajado en la Clínica Mayo en sistemas de telecomunicación y era muy difícil consolidar un sistema simplemente de consulta porque el médico está completamente centrado en sus pacientes y no tiene tiempo material para usar esa tecnología. En cambio, un sistema de programas educativos a través de telecomunicación y televídeo va a ser de gran eficacia para los médicos por las enormes implicaciones que tiene en aspectos determinantes como la prevención de las enfermedades y su tratamiento.

 

¿Cómo emplea las nuevas tecnologías para controlar a sus pacientes en el Hospital Mount Sinai?

 

Trabajamos con sistemas muy específicos que, por ejemplo, permiten al paciente medir, en su propia casa, cómo está su diabetes solo con una punción. Luego, mediante un sistema de comunicación telemático, contacta con el médico que variará su medicación en función de los resultados. Es un paso de gran relevancia. En segundo lugar, merece la pena destacar la relación entre las enfermeras y el sistema de control que se aplica a ancianos enfermos y a personas aquejadas de dolencias como la insuficiencia cardíaca.

 

¿Cómo se concreta esta aplicación?

 

En estos casos no es el médico el que está en contacto con el paciente, sino la enfermera a través de un sistema telemático, esencialmente telefónico. En el caso de pacientes con enfermedades cardíacas, por ejemplo, las enfermeras que les atienden en la distancia controlan variables como el peso o la coagulación de la sangre. Este procedimiento evita que el paciente deba desplazarse al hospital y asegura un control eficaz, tal y como hemos demostrado en los trabajos publicados a lo largo de los últimos tres años. Por tanto, la conclusión es obvia: en aspectos concretos del cuidado del enfermo la e-Health es una auténtica revolución.

 

Atendiendo a factores como el actual ritmo de envejecimiento de la población, el aumento de la esperanza de vida y la cronificación de dolencias,

 

 ¿cree que la implantación de la e-Health puede ser una vía para promocionar la cultura de la salud entre los mayores?

 

Sí, si es posible llevar a cabo estos proyectos. Digo esto porque deben hacerse estudios piloto en gente de más de 65 años en lugares concretos y determinados. El argumento sobre el que se sustenta mi apreciación es que en el sistema de salud de muchos países no da tiempo a que puedan llevarse a cabo porque están centrados en personas muy vulnerables, razón por la que, insisto, deben hacerse estudios muy pormenorizados.

 

Lo que es evidente es que la e-Health no solo está cambiando el seguimiento de los pacientes, sino que también está variando la propia dinámica médica.

 

¿Cómo cree que las soluciones de telemedicina van a modificar la organización de los centros de salud?

 

En gran medida ya están teniendo mucho impacto y precisamos más estudios piloto que abran nuevos horizontes para encarar las necesidades actuales. Por ejemplo, una línea de trabajo será desarrollar nuevos sistemas para educar a los pacientes aprovechando la tecnología. Así, agrupar a un buen número de pacientes con una misma enfermedad y enseñarles a distancia cómo pueden encarar mejor su enfermedad puede ser un paso definitivo.

 

¿Y qué opina de la e-Health aplicada al sistema médico rural, sobre todo en zonas remotas?

 

 ¿Cómo pueden beneficiarse de sus aplicaciones, por ejemplo, pacientes de edad avanzada y con dolencias crónicas alejados de hospitales?

 

Aunque el coste de los sistemas telemáticos no es despreciable, no tengo ninguna duda de que en lugares apartados y aislados estos sistemas pueden tener una gran efectividad y ser una inversión más que justificada por el impacto positivo que pueden tener y por el ahorro en costes derivados de desplazamientos a hospitales. Es más, es una herramienta óptima incluso en lo que a consulta se refiere, un aspecto que, globalmente y como he señalado antes, es muy difícil que los médicos puedan darle una óptima utilidad dado que el factor tiempo los sobrepasa.

 

¿Puede mencionar alguna experiencia en la aplicación telemática en zonas rurales?

 

Sí, existen programas en la Clínica Mayo, el Mount Sinai de Nueva York y el Massachusetts General Hospital de Boston por ejemplo, centrados en poblaciones rurales como los indios de Arizona. En estas zonas remotas y aisladas ya hay centros médicos que están aplicando estas herramientas y confirmando sus virtudes según tres ejes básicos: el sistema educativo para enfermos, para médicos y, en casos concretos, de consulta.

 

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La e-Health no solo está modificando la atención sanitaria de los pacientes, sino también el sistema de trabajo de los propios médicos…

 

Poner en contacto un día y a una hora determinada a cuatro o cinco hospitales de lugares totalmente apartados del planeta mediante la tecnología es algo fantástico y muy efectivo. Este cambio es muy positivo, sobre todo desde el punto de vista formativo de los facultativos. Yo he seguido muchas teleconferencias desde Nueva York con países pobres y en desarrollo como la India, Pakistán o desde diversas ciudades de África. Ciertamente, las posibilidades que brinda esta opción son inagotables y, lo más importante sobre todo para los países menos favorecidos, mucho más barata que, por ejemplo, reunir a un grupo de expertos, pagarles el viaje y todos los demás gastos que conllevaría su presencia en el lugar.

 

Una de las aplicaciones de la tecnología en la que usted tiene depositada más confianza de cara al futuro es el historial clínico electrónico.

 

¿Tan espectacular es el cambio que puede conllevar esta herramienta?

 

Que un médico tenga a mano el historial de un paciente que, por ejemplo, ha viajado de Estados Unidos a España y que, de un vistazo, pueda conocer sus antecedentes, sus posibles enfermedades, intervenciones anteriores y otros aspectos de su salud es de una utilidad enorme ya que se puede tratar más rápidamente y con mayor efectividad. Es cierto que el historial clínico electrónico es muy costoso, pero cuando uno analiza todas las variables, llega a la conclusión de que, desde un punto de vista estructural, la historia clínica electrónica tiene mucho futuro. Por supuesto, esta opción tan atractiva también conlleva ciertas responsabilidades. Hay que tener en cuenta aspectos tan importantes como son la ética, la seguridad y el control de esa información personal.

 

Palabra de sabio

 

"No hay nada más gratificante y revelador que el trato con las personas", revela Fuster. No es una impostura y, para comprobarlo, solo hay que picar a la puerta de su despacho en el Instituto Cardiovascular del Hospital Mount Sinai de Nueva York un sábado cualquiera a las seis de la mañana: en esas primeras horas del día -"las mejores para pensar y ordenar la vida", confiesa-, Fuster planifica las llamadas que hará personalmente a los pacientes que ha visitado a lo largo de la semana. "Lo más impresionante no procede tanto de lo que expresan los pacientes como de lo que se percibe que experimentan en silencio. Hay una especie de transmisión mental entre paciente y médico que no necesita palabras", afirma. A Fuster le gusta citar al teólogo francés Pierre Teilhard de Chardin y su concepto cumbre, el punto omega, la progresión hacia un mundo más perfecto: "Ese es mi planteamiento en la vida y en la ciencia, nada termina, todo es un camino por hacer". Un compromiso del que ha dejado constancia en el libro La ciencia y la vida (Plaza & Janés, 2008) -retablo de confidencias y vivencias hilvanadas junto a las de su amigo y paciente, el escritor José Luis Sampedro-, donde se define como una combinación "del pragmatismo y la acción de Aristóteles con el humanismo y el espíritu de Platón". Así son los sabios, un sincretismo de lo mejor de cada casa.

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